viernes 20 de enero de 2012

Pelo revuelto

Había un lugar fuera de los lugares. Un espacio.

Luego de un 2012 hiper acelerado (limpieza del jametz, reformas domésticas, compras, ventas, elecciones, visitas, despedidas, aprendizajes, procesos y encuentros) había encontrado nuevamente el espacio de paz.

La casa lucia bien y eso me ayudaba. Había aroma a vainilla en cada uno de los rincones, mi plano inicial había resultado un éxito y eran pocos los detalles que quedaban por organizar. Todo mantenía su lugar, sus formas, era mucho más nuevo, más bonito, más colorido y confortable.

Sin embargo, la comodidad pocas veces tiene que ver los lugares físicos, con el aroma de ese difusor o por un baño moderno. A una taurina como yo lo ayudaba muchísimo, pero no era suficiente (si, ya sé, nunca es suficiente).

El lugar calmo entonces no estaba asociado a "estar tirada" (algunas seguimos teniendo severos problemas al respecto), sino con encontrar eso chiquito, muy chiquito que da satisfacción, que es propio, donde se juega el propio arte, la expresión, el placer, disfrute, lo literario, musical, sensato.

Un lugar a donde una pudiera regresar siempre pese a las tormentas, los agotamientos físicos, mentales, espirituales. Ese lugar no tenía que ver con una súper ciudad, con un muro, con cruzar un océano, un doctorado o la ducha. Era un lugar donde sacar, dar, establecerse, sentirse protegida, cuidada, en silencio con una misma, en paz.

Anoche conversábamos con mi hermana respecto del tema de los silencios. Ella, con dos niñas a cargo, aseguraba que no tenía mucho tiempo para ocuparse de si misma, de "estar tranquila" y hacer "lo que pintaba". Me decía que "la vida de soltera" es mucho más tranquila, haces lo que queres todo el tiempo y en todo momento.Yo le decía que si, que podía ser cierto, pero que en general eso una no lo valoraba porque estaba -muchas veces- con otras incertidumbres, otros ruidos, otras cuestiones.

Creo que con independencia del lugar donde una viva, el tipo de vida que lleve, las circunstancias del pasado, los amores, odios, enojos, las propias dictaduras y los errores o excesos a los que una se ve sometida, ....hay que aprender a regresar a ese lugar de paz. Para mi es este espacio, donde me siento y siemplemente salen las palabras (un poco de mi mente pero más de mi corazón). Un lugar donde no hay sanción, no hay deber ser, formas, resultados ni aplausitos.

El lugar puede construirse en un escritorio al lado de una taza de café, en la propia agenda, en un sillón de una esquina, en las pinturas, los dibujos, en todo aquello que es personal, que es amado, que ayuda a reestablecerse, a sanar esas cicatrices, esos "malos tragos", esas decepciones, tedio, aburrimiento, esa linealidad en la que se transforma a veces la vida. Y de la que algunas huimos, pero en definitiva no zafamos.

El lugar calmo yo ya lo conocía, muchas otras veces me había escapado y regresado sedienta....
Sería una hipocresía pretender permanecer quietas de por vida en ese lugar calmo, lindo, dulce, alegre, mágico. La vida te despeina diría una conocida escritora....sin embargo, hoy un 20 de enero pienso que algunas buscamos vivir despeinadas pese a nuestra excesiva tendencia a controlar el frizz, los rulos, las ondas, el movimiento.

Pretender una vida despeinada te expone al viento, a las ráfagas, tormentas, a las emociones violentas, intentas, a los encuentros de novela romántica inexistente, a los enojos y a lo peor de nuestro propio cabello........al descontrol.

Yo creo que vivir despeinada es para un momento de la vida. Hay un punto donde una tiene DE UNA VEZ POR TODAS dejarse de joder, apagar el ventilador, dejar de buscar climas ventosos, sujetar bien lo que hay que sujetar y llevar una buena crema para peinar en la cartera. Es decir: pensar en las circunstancias externas pero ante todo bajar un poco de conciencia, de mente al corazón. No vivir con la eterna pugna tripa-corazón-tripa-corazón.......aprender a prevenir, a evitar algunos vientos........ de este modo, evitamos que el cabello no siga tapando eso que tenemos que ver ..... tarde, temprano.......en algún momento hay que correr el flequillo. Y aprender a no culpar más al viento.

Eso si, ....todo esto hay que saberlo antes de salir a la calle, no sea cosa que otra vez el viento nos agarre desprevenidas.

Shabat shalom, buen fin de semana para todos!!!!!