Si bien dejé de buscar "fórmulas" en los libros, hay algunos que siguen siendo puntos de inflexión en mi vida. Con el cine me pasó pocas veces, creo que una o dos. En el 2003 fue con Sunshine, salí quebrada, impactada....esa película me llevó a cientos de preguntas que vinieron los años siguientes. Recuerdo otro momento similar al año siguiente, con Antes del Atardecer.
En cambio, con los libros, tengo algunos que son de cabecera. Entre ellos está "Mujeres que corren con los lobos", un libro querido que se lo he regalado o recomendado a mis amigas más queridas. Sin embargo, hubo libros para cada momento de mi vida. Siempre soñé tener bibliotecas en mi casa como las que he logrado tener ahora. Los libros me gustan en todos los planos, en fondo y forma. Estéticamente me da paz, seguridad sentirme rodeada de libros. Siento que están ahi y que en cualquier momento puedo recurrir a ellos. Como decía mi amiga Lau el otro días, uno puede leer una palabritas y sentir tranquilidad, paz. Y es así, muy cierto.
Hay libros para agarrar y acumular en mi mesita de luz, dejarlos macerar y retomar. Algunos no llegan a nacer, los compro y nunca logran captar mi atención, intento, pero me doy cuenta rápidamente que no son para mi. Son casi como esas citas que a los dos minutos sabes que por más que lo intentes no te interesa, no va a funcionar, no es, no va. Con esos libros nunca más intento, rara vez he vuelto a probar y el resultado fue siempre el mismo: no me engancho.
Después están esos que son para devorar, que apenas los agarro no puedo soltarlos, quiero leerlos rápidamente, son como una especie de revelación, de adicción, de descubrimiento y placer. Si tengo cosas para hacer los cargo en mi cartera y aprovecho cada segundo libre para seguir leyéndolos. A veces se confunden con los de lectura fácil, que son atrapantes hasta ahí y se terminan rápido pero no generan impacto, quedan en el olvido rápidamente. Son como esos amores fugaces de los cuales ni hay recuerdo ni registro en el tiempo.
Después están los técnicos, profesionales que se usan para trabajar, investigar, buscar. Los que ofrecen alguna solución de tinte espiritual, alimenticio, deportivo, que elaboran alguna nueva teoría, moda y demás. A veces se parecen también a esos amores fugaces.
Cada libro es funcional para un momento, pero como los hombres de Brecht, están también los libros imprescindibles. Como esas buenas amistades, esos lugares de paz, esos encuentros maravillosos y con otros, con los libros pasa lo mismo. Serán dos o tres los que verdaderamente marcaron mi vida, que fueron como Sunshine. Ahora estoy en un momento así y me alegra. Por momentos había perdido la esperanza en volver a sorprenderme como a los veinticortos, a sentir que alguna idea podía llegar a darme claridad o partirme un poco la cabeza, como dicen. Por suerte sigue pasando, sigo descubriendo, aprendiendo.
Hoy en paralelo fui a una primera clase de un nuevo curso...y es como lo mismo. Es el efecto sorpresa de empezar de cero, de entrenar la mente y el cuerpo para algo completamente distinto. Bueno, cuando una idea leía o estudiada llega a un nivel personal que trasciende el "conocimiento por el mero conocimiento" es lo mismo....es un "waw, nunca lo había pensado...es por ahi". Pero esta vez ya sé que no es desde las fórmulas mágicas, desde los cambios compulsivos o radicales o desde ideas adolescentes que no conducen a nada.
Esta vez es como leer un buen libro de verdad, saborearlo, sentirlo en el alma, reconocerlo como propio.....y saber que ha llegado en el momento oportuno. Momentos así son los que valen la pena, momentos donde la sintonía vuelve a su lugar, donde se amplía un poco más la percepción de la realidad, donde es posible hacer pequeños cambios, sutiles, pero firmes. Sin prisa...pero sin pausa.
Buen sábado para todos!!!!!!!
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